lunes, 27 de agosto de 2018

El precio.

"Que por su justo precio me la dé"
(Génesis 23:9).


Todo en ésta vida tiene un justo precio. Si deseamos un vehículo sencillo que nos lleve y nos traiga, con poco precio basta; pero si deseamos un auto con comandos en el timón, lo último en tecnología, etc., el precio es altísimo. Cuando Abraham iba a enterrar a su amada Sara, compró a un precio alto la tumba de Macpela, su precio justo, dijo Abraham. En lo espiritual este mismo principio también funciona igual. Queremos ser participes de la Iglesia de Nuestro Señor, es fácil, con reconocerlo como nuestro Salvador y respetar sus leyes basta, ese es un precio bajo; pero, si deseamos un obispado digno, ser maestros de su verdad, llegar a ser alguien que deje una huella para otros, y, especialmente para los nuestros... entonces el precio a pagar puede llegar a ser tan alto como lágrimas, sangre y hasta entregar a la muerte misma a un ser amado (Mateo 16:24).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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