martes, 30 de abril de 2019

Traspasando el Rubicón.




“Hay pecado de muerte”
(1ª. Juan 5:16).

¡Se está hablando de muerte natural… NO espiritual!  Narra la historia que cuando Julio César venía de conquistar la Galia, tenía que llegar al Senado y someterse voluntariamente a Pompeyo para un juicio por desobediencia, pero, si en lugar de ello, traspasaba con su ejército el río Rubicón, entonces sería considerado un rebelde y automáticamente tenía que purgar un castigo. El no dejaba de ser un romano, el no perdía su naturaleza de soldado, y ni siquiera el de comandante, pero, repetimos, tenía que purgar un castigo. Espiritualmente, podemos decir que las escrituras consideran “traspasar el Rubicón” cuando cometemos desobediencia (Levítico 26:14-26), y, por ello, tendremos que someternos a purgar un castigo. Dios nos ha establecido leyes a los creyentes (los no creyentes no tienen por qué cumplirlas), y, si las quebrantamos estamos sujetos a pagar las consecuencias (*). Y alguien podrá decir: “Si es así, entonces me salgo”. Déjenos explicarle algo, si nosotros en verdad hicimos una confesión de fe, ya somos parte del pueblo de Dios, por lo tanto, lo que implica que si decimos que nos “salimos” es simplemente porque NUNCA fuimos parte (Juan 3:6). Un inglés nunca dejará de ser inglés; un noruego nunca dejará de ser noruego, si nosotros en realidad aceptamos a Cristo, nunca dejaremos de ser un creyente.  

(*) Un creyente, por pecar NO deja de ser un creyente (Juan 3:6), no pierde ni siquiera su llamamiento (Romanos 11:29; Juan 17:1), aunque sí tiene que purgar su pena.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.





lunes, 29 de abril de 2019

¿Alguna vez nos lo preguntamos?




“Fosa profunda es la boca de la mujer extraña”
(Proverbios 22:14).

¿Alguna vez nos hemos preguntado el por qué Dios advierte tanto al hombre en las escrituras acerca de la mujer ajena (Proverbios 2:16), de la ramera (Proverbios 6:26), de la mujer que halaga con sus palabras (Proverbios 2:16) etc. y advierte tan poco acerca de los hombres promiscuos, cuando se supone que el hombre tiene más testosterona que la mujer progesterona? La escritura nos lo explica así: “El hombre no fue engañado primero, sino la mujer fue engañada primero” (1ª. Timoteo 2:14). Y, por ello, Dios sentenció: “Y tu deseo, será para tu marido, y él se enseñoreará (*) de tí” (Génesis 3:16). Y las escrituras agregan: “Y la mujer esté sujeta a su propio marido” (Efesios 5:22)… sobre todo, si éste está sujeto a Dios (verso 23).. Y, ¿alguna vez se ha preguntado el por qué las escrituras hablan sin fin de veces de proteger a la viuda pero jamás de proteger al viudo? Porque la sentencia de Dios al hombre no fue para “dependencia”, sino para sacrificio: “Y comerás el pan con el sudor de tu frente” (Génesis 3:17-19). Y ¿la razón?... Por haber “obedecido” la voz de su mujer.

Nota: Enseñorear (Mashal): “Ser dueño; tener el dominio de… ser Señor de…”.  Lo que Dios sentenció fue sencillamente la “dependencia” de la mujer hacia el hombre y el dominio que éste iba a tener sobre ella (1ª. Corintios 7:39), pero, más adelante también hace ver que el hombre DEBE “depender” de Dios (1ª. Corintios 11:3). Si observamos alrededor nuestro veremos que (en su mayoría) las mujeres que tiene esposo se sienten mucho más seguras y protegidas que quienes no lo tienen.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.





viernes, 26 de abril de 2019

Destilan miel… pero no saben a miel.




“Los labios de la mujer extraña destilan miel”
(Proverbios 5:3).

Por décadas dentro de la Iglesia hemos visto cómo la caída de un creyente en los brazos de una mujer extraña (o de un hombre extraño), trae consecuencias muy grandes no solamente para quienes cometen el pecado sino también para las personas que los rodean, entiéndase hijos, cónyuges, familiares directos, y hasta hermanos en la fe. ¿Por qué? Porque las mismas escrituras nos advierten: “Porque su fin es amargo como el ajenjo, agudo como espada de dos filos” (verso 4). La mujer (o el hombre) ajenos hasta tienen su aliento más blando que el de la propia pareja, pero, sus pies hacen descender a la muerte (verso 5). ¿Quién tropieza con la mujer (u hombre) ajenos? La escritura es exageradamente clara en ese sentido, NO es el hombre (mujer) carnal; NO es el hombre (mujer) débil; NO es el hombre (o mujer) extremadamente sexual; porque todos ellos si claman a Dios, Dios los guarda. ¿Entonces? ¡Es el hombre (mujer) que ENOJAN a Jehová! (Proverbios 22:14). ¡No hagamos “airearse” a Jehová contra nosotros!. Porque quien lo hace no solamente cae en el dolor de la mujer (hombre) ajenos sino en la vergüenza perenne, y NINGUNO(A) que en ella cayere quedará impune dice Dios (Proverbios 6:29). Jamás toquemos una mujer o un hombre que no nos pertenezca como esposos en el Señor, pues destilan miel… pero al final NO saben a miel.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.     





jueves, 25 de abril de 2019

Dormirás en paz.




“Y tu sueño será grato”
(Proverbios 3:24).

¿Por qué hay noches en las cuales no dormimos bien? Pensamos que es porque no hicimos suficiente ejercicio; que comimos mucho por la noche; porque la medicina que tomamos nos está provocando daños colaterales; porque tenemos temores, etc.  Pero la escritura nos da una “razón espiritual” que es la causa de no dormir bien, veamos: “Cuando te acuestes, no tendrás temor, y tu sueño será grato (Proverbio 3:24), porque… pensaste en Jehová que con sabiduría hizo todo, y porque guardaste su ley y su consejo (verso 21)”. ¡Eso es lo que nos sucede!, olvidamos todos los favores que Jehová nos ha hecho, no nos recostamos dando gracias por todo lo recibido. Y alguien dirá ¿Pero si no recibí lo que quería? ¡Quizás no recibimos lo que queríamos pero sí recibimos lo que necesitábamos!  Recostarnos por la noche sin dar gracias por la vida, por una familia, por la salud, por un techo, por la comida, por nuestro trabajo o por el favor recibido del cielo…eso es lo que permite que tengamos noches sin un sueño grato. Los afanes no deben estorbar nuestra relación diaria e íntima con Dios, por eso es que dice la escritura que nuestro sueño NO es grato NI reparador, y amanecemos cansados pensando que la noche no fue suficiente duradera.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



miércoles, 24 de abril de 2019

Nunca le vamos a ganar.




“Os abro las ventanas de los cielos”.
(Malaquías 3:10).

“Que cada uno  como propuso en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre” (2ª. Corintios 9:7). El apóstol Pablo, jamás predicó del diezmo, pero sí predicó toda su vida acerca de compartir de lo mucho que recibimos del Señor. Y eso nos lleva a que demos sin cuantificar cuánto ganamos. El diezmo, muchos lo ven como una carga impuesta por los líderes (que de hecho lo es), en lo personal lo vemos como una limitante, que líderes con poca fe, imponen a sus congregaciones (con tal de recibir algo), y que, por “esa” religiosidad le impiden más bendiciones a quien se limita a dar tan sólo eso. Nos explicamos, hace muchos años conocimos a alguien que le pesaba dar el diezmo, poco tiempo después casi perdió todo lo que tenía (no daba con gusto sino por obligación). En otro sentido, conocimos en ese mismo tiempo a alguien que daba no sólo lo que correspondería como diezmo sino mucho más y Dios le bendecía cada vez más. La razón, ya la dijo el apóstol: “Tenemos que dar, NO IMPORTA CUÁNTO, pero con el corazón alegre, con gratitud, con empatía por la necesidad ajena”.  A Dios, NUNCA le vamos a ganar en dar.

Nota: Dios no quiere ni necesita nuestro dinero (Las mejores pruebas de ello son que: 1- Ni un solo centavo de lo que damos le llega a Dios, y 2- El sempiterno mal manejo de esos fondos (Mateo 23 completo). Dios lo que desea es que aprendamos a dar con generosidad como él lo hace con nosotros. Siendo que nosotros mismos somos de él, cuánto más, lo que poseemos.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.




martes, 23 de abril de 2019

Oíd pues… Sacerdotes. (Parte final).




“Oh sacerdotes… para vosotros es éste mandamiento”
(Malaquías 2:1).

Malaquías fue escrito, especialmente el capítulo dos para los líderes, para los sacerdotes, y eran ellos los responsables de guiar a la congregación pero se desviaron a tal grado, tanto en el “Pacto de Leví” (dirigir con honestidad e integridad al pueblo), como en la “Ordenanza de Judá” (guiarlos a una sana alabanza), que Dios emitió sentencia contra ellos, veamos cuan dura fue esa sentencia: 1- Enviaré maldición sobre vuestras bendiciones (Malaquías 2:2a), hemos sido testigos de cómo Dios está maldiciendo las generaciones de los líderes que están abusando del manejo y administración de la Iglesia hoy en día (es público, lo podemos leer en los diarios). 2- Os he hecho viles y bajos ante el pueblo de Dios (Malaquías 2:9a); es increíble la baja estima que se tiene del liderazgo hoy en día, al extremo que existen comercios que señalan: “Aquí, a pastores no se les confía crédito”, y no son pocas las ovejas que han sido alejadas de una congregación, aún y cuándo con Dios sí tengan relación. 3- Os dañaré la sementera (el campo de trabajo no tendrá multiplicación), años y años de trabajos y no hay fruto agradable (Malaquías 2:3a). 4- Os echaré al rostro el estiércol de vuestros animales y seréis arrojados juntamente con él (Malaquías 3:9b), serán como dijo Cristo en Mateo 7:21: “Que en su nombre hacen muchas cosas”… pero “El” no los conoce. ¿Para quién son éstas sentencias, para el pueblo o para los sacerdotes?

Nota: Necesitamos estar bajo la cobertura de un liderazgo que nos guía por la “sana” doctrina de Dios, y que nos guía a una “sana” alabanza que nos acerque a Dios y no al mundo.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



lunes, 22 de abril de 2019

Oíd pues… Sacerdotes. (Parte uno).




“Oh sacerdotes… para vosotros es éste mandamiento”
(Malaquías 2:1).

¿Quién manda en una congregación, el líder o las ovejas? ¿Quién impone las directrices, el líder o las ovejas? Analicemos cómo lo expone el Libro de Malaquías: 1- Sacerdotes… para vosotros es éste mandamiento (Malaquías 2:1)… NO para el pueblo. 2- Vosotros (los sacerdotes) habéis hecho tropezar a muchos en la Ley (Malaquías 2:8a)… era el pecado del sacerdote no el de la oveja lo que Dios estaba recriminando. 3- Habéis corrompido el pacto de Leví (los Levitas habían sido elegidos para dirigir con honestidad, integridad, para que no hubiera plagas en el pueblo y fueron ellos los que las provocaron (Números 3:12 y 8:11)… no fueron las ovejas (Malaquías 2:8b). 4- No guardasteis mis caminos y hacéis acepción de personas (Malaquías 2:9)… quien predicaba la palabra era el sacerdote no las ovejas, quien desvió la prédica no fueron las ovejas fueron los sacerdotes… quienes hacían acepción de personas eran los sacerdotes no el pueblo (Juan 9:22 y 16:2). 5- Permitís que Judá profane el santuario (Malaquías 2:11), Judá era la tribu de la alabanza, y era tarea del líder, del sacerdote, elegir y filtrar la música. El punto principal es el siguiente: Hoy está pasando lo mismísimo en la Iglesia. Las escrituras también nos cuentan para quienes fueron y para quienes serán las consecuencias.

Nota: Malaquías ha sido sacado de contexto para manipular y explotar económicamente al pueblo de Dios, cuando en realidad fue, en su mayoría, un libro que recrimina al liderazgo.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.    
  



miércoles, 17 de abril de 2019

¿Estamos honrando a Jehová?




“Honra a Jehová con tus bienes”
(Proverbios 3:9).

“Honra a Jehová con tus bienes…”  Y, el contexto inmediato dice: “y serán llenos tus graneros, y tus lagares rebosarán de mosto” (verso 10). Nuestros bienes son nuestras riquezas pocas o muchas que tengamos. Nuestros “graneros” (almacenes) son nuestros ahorros, y nuestros “lagares” (lugar de trabajo) son lo que producimos. Si no recibimos o no tenemos es porque quizás no hemos o no estamos honrando a Dios con nuestros bienes. Una pregunta nos facilitará la luz: ¿Cuándo hemos tenido recursos y vemos para atrás, existe algo de lo cual nos podamos arrepentir, y que, si la ocasión se nos presentara de nuevo no repetiríamos? Si la respuesta es sí, entonces, al menos en esa ocasión no honramos a Jehová con nuestros bienes. Pero tenemos un Dios misericordioso que nos permite arrepentirnos y volver al camino, la vivencia del hijo pródigo quizás es el mejor ejemplo (Lucas 15). Este joven sabía trabajar y había ayudado a que su padre hiciera una fortuna (verso 12); pero comete un error… vive perdidamente (verso 13); y paga las consecuencias (verso 17); pero también se arrepiente (verso 18); y regresando y pidiendo perdón (verso 19); es restituido y vuelve a tener lo que había perdido (verso 22). Quizás es eso lo que necesitamos si hemos deshonrado a Jehová con nuestros bienes… arrepentirnos, volver y pedir perdón, y entonces, él restituirá.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



martes, 16 de abril de 2019

¿Cuál o Quién?




“Yo soy el camino”
(Juan 14:6).

Durante siglos, el pueblo de Dios había sido guiado por líderes acomodados que interpretaban y usaban la ley a su sabor, antojo y beneficio (Hechos 7:52), SI, aunque nos cueste creerlo fue el “liderazgo” quien prostituyó la palabra de Dios (Mateo 23:13). El resultado fue un pueblo “ignorante” de la verdad, y dicha ignorancia le valió una vida de “dependencia ciega e intimidatoria”, que, hasta los mantenía en una pobreza material, pues eran explotados económicamente especialmente los más vulnerables (Mateo 23:14). Fue por ello, que cuando el Cristo hizo su aparición en lugar de presentarlo como tal, fueron precisamente ellos (liderazgo) quien lo rechazó, lo señaló, lo acusó, lo juzgó y lo condenó. Veamos cómo sucedió: “Ni tenéis en cuenta que os es más conveniente que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca” (Juan 11:50), y, ¿Sabemos quién expresó esta condena contra el Cristo?. Pues nada más ni nada menos que Caifás, el “sumo sacerdote” entre el liderazgo. Hoy, la iglesia del Señor está pasando por momentos similares, muchos pero muchos son los líderes que están abusando y usando de la palabra de Dios para hacer dependientes de ellos y no de Dios a las ovejas, pero pronto vendrá el Cristo, sólo que ésta vez los juzgados y los condenados serán otros (Apocalipsis 20:12). La pregunta no es cuál es el camino sino quién. Y la respuesta no es un liderazgo sino Cristo.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



viernes, 12 de abril de 2019

“Cuánto recibimos es proporcional a cuánto damos”




“Así también vosotros haced con ellos”
(Mateo 7:12).

¿A quién no le gusta recibir un regalo, un favor, un halago, una sorpresa, un servicio, etc.? Pero, la pregunta es: ¿Hemos regalado algo sin razón alguna a alguien;  hemos hecho un favor desinteresado a alguien; hemos hecho un halago sin envidia alguna a alguien; hemos sorprendido a alguien sin motivo alguno; servimos a otros sin motivos ocultos y de todo corazón? Desde niños fuimos instruidos que en ésta vida NADA es gratis, todo teníamos qué ganárnoslo, y ¡cómo agradecemos éste tipo de educación! Dios Padre nos guía por medio de las escrituras a que nos ganemos lo que vamos a recibir (entendemos su soberanía y que él permite que tenga quien él quiere, y que no tenga quien él no quiere) pero, en términos materiales también existen normas, reglas y requisitos. Así, en el famoso Sermón del Monte, su Hijo nos enseña: “Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos, porque ESTO es la ley y los profetas” (Mateo 7:12). Nos está diciendo que es una LEY NATURAL Y ESPIRITUAL que dando es como se recibe. ¿Si NO estamos recibiendo lo que queremos… no será acaso porque NO estamos dando lo que tenemos mandamiento de dar?

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.





jueves, 11 de abril de 2019

El Testimonio.




“Confesaré delante de las naciones”.
(Salmo 18:49).

Muchas son nuestras salidas y entradas a casa, a la oficina, etc. en las cuales el Señor constantemente nos libra de angustias, penas, sin sabores, accidentes e incidentes… y nosotros no nos damos cuenta de ello en el momento. El salmista lo sabía, y es por ello que nos exhorta a que demos “testimonio”, que le contemos a las naciones lo que Jehová ha hecho por nosotros. Esto, no solamente muestra nuestra gratitud, sino que fortalece la fe de quien la tiene o la hace nacer en quien no la tiene. Bien escribió el apóstol en Romanos: “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel  de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?” (10:14). Somos los creyentes quienes tenemos la obligación de predicar de Aquél que nos salvó, de Aquél que nos eligió desde antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4). Lo hemos dicho muchas veces: nuestra pena, nuestro luto, nuestra angustia, nuestra escasez, nuestra soledad de ayer debe ser nuestro testimonio de hoy, para que, todos aquellos que no tienen la dicha de conocer a nuestro Dios le conozcan, y también ellos… sean guiados y guardados de y en éste mundo (Juan 17:15).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

miércoles, 10 de abril de 2019

El Ministerio silencioso.



“Entra a tu aposento, y cerrada la puerta”
(Mateo 6:6).

Entendemos que muchos Ministerios en los caminos del Señor son sostenidos por el conocimiento que de ellos existe, pero hemos de reconocer también que  ya muchos son los que abusan de la publicidad para fines incorrectos. Siempre hemos creído que TODO Ministerio del Señor NO necesita publicidad para sostenerse, pues es el Señor quien lo sostiene. La biblia nos enseña que ni siquiera la ofrenda o las dádivas deben ser “perseguidas”, pues cuando nacen de un corazón sincero, agradecido y alegre éstas llegan con naturalidad (2ª Corintios 9:7). Ahora bien, conocemos un Ministerio que todos podemos cubrir, pero es sólo para personas que no tienen “intereses ocultos”, pues este no produce dividendo alguno… “La Oración”. Todos podemos de noches; de madrugada o a cualquier hora del día interceder y pedir por las necesidades de “otras” personas. Siempre tendremos cerca o de oídas, personas de luto, en necesidades económicas, en problemas de salud, etc. Y, dado que nosotros ya pasamos por allí, sabemos lo que se siente y el apoyo que se necesita, es por ello que nuestra pena de ayer es nuestro testimonio de hoy. Cristo dijo: “Entra a tu aposento, y cerrada la puerta, ora, intercede, pide al Padre que está en secreto; y el Padre que ve en lo secreto te recompensará” (Mateo 6:6).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.   

martes, 9 de abril de 2019

¿Quién manda el dueño o los administradores?




“Mi Padre me las dio”
(Juan 10:29).

¿Qué tan lejos tiene que irse a vivir un hijo nuestro para que digamos: “ya no es mi hijo”?  ¿Qué falta tan grave debe cometer un hijo para que digamos: “ya no es mi hijo”? ¿Aún si se muere, lo desconocemos como hijo?  Si nuestras respuestas son: 1- Por lejos que se fuera; 2- Ninguna; y 3- Ni aún así.  Pensamos igual. Ahora bien, dejemos que la escritura nos responda acerca de éste punto. 1- Cristo dijo: “Mi Padre que me las dio (hablando de sus ovejas, nosotros los creyentes), que es MAYOR (es el dueño) que todos (los líderes administradores), y NADIE las puede arrebatar de la mano de mi Padre (Juan 10:29). Ahora veamos la parábola del Hijo pródigo: ¿Qué tan lejos se fue el hijo; qué tan buen uso hizo de la herencia; aún muerto espiritualmente… en qué momento el Padre dejó de llamarlo hijo… en qué momento el hijo dejó de llamarlo Padre? EN NINGUNO (Lucas 15). En otro sentido, dice la escritura que TODOS pecamos continuamente, por lo tanto, ¿Todos dejaríamos de ser hijos continuamente? NO. Nuestras faltas fueron corregidas por nuestros padres naturales pero nunca dejaron de llamarnos hijos; lo mismo hace Dios Padre con nuestras faltas espirituales, nos corrige pero nunca deja de llamarnos hijos. Si el “dueño” dice algo, quién es el “administrador” que se atreva a decir lo contrario? Arrepentimiento continuo, sí debe existir, de eso se trata nuestra caminata.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



lunes, 8 de abril de 2019

No confundamos la tardanza.




“El que aparta su oído para no oír la ley”
(Proverbios 28:9).

Muchas veces escuchamos que creyentes que luchamos por buscar a Dios, y buscamos genuinamente agradarle resulta que no palpamos respuesta a nuestras oraciones; que no encontramos una solución o una respuesta a nuestros problemas. Vemos también cómo esa falta de respuestas afecta aún al liderazgo mismo, y, ya en extrema instancia seamos o no líderes, podemos llegar a creer que es por algún pecado que Dios no nos responde; que Dios no nos escucha como a otros; o, simplemente que no nos quiere como a otros. La escritura nos muestra que no debemos confundir la “tardanza” de Dios en respondernos con el pecado del impío (Proverbios 28:9). La tardanza de Dios es para que aprendamos a tener paciencia, pues esa paciencia nos llevará a la fe profunda que necesitamos en el liderazgo para poder llevar a otros más adelante (Santiago 1:3-5). Que el Espíritu Santo es poderoso y nos puede inspirar a ayudar a otros, no lo dudamos; pero, cuando hemos pasado por un camino entonces nos es más fácil entender más, y tener más empatía por quien esté en otro momento pasando por allí. No confundamos entonces, la tardanza y enseñanza de Dios con el pecado del impío.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



viernes, 5 de abril de 2019

¿Quiénes son los que no entienden?




“Los hombres malos no entienden”
(Proverbios 28:5).

Los secretos y las bendiciones de Dios no son para todos, sino tan sólo para aquellos que le buscan de corazón, esto lo podemos probar estudiando la historia en las Sagradas Escrituras. Pues ellas nos muestran al menos dos ejemplos muy ilustrativos de ello, veamos: 1- Una de las mayores revelaciones de la historia le fue dada a un impío, Nabucodonosor… pero no entendió nada, fue por ello que tuvo que llamar a un hombre que sí buscaba a Dios, Daniel, para que le explicara la historia del fin de la humanidad (Daniel 2). Otro ejemplo lo vemos con los religiosos de la época de Cristo, los escribas, los fariseos, los saduceos que no entendían nada de lo que Cristo les decía, pero los discípulos sí. Y, lo más impresionante del caso es que Dios lo permitía a propósito, pues la misma escritura nos lo muestra: “Para que VIENDO VEAN PERO NO PERCIBAN, Y OYENDO OIGAN PERO NO ENTIENDAN, NO SEA QUE SE CONVIERTAN Y SEAN PERDONADOS” (Marcos 4:122).  ¿Quiénes son los que no entienden los misterios de Dios? Todos aquellos que no le buscan, todos aquellos que están más afanados en el diario vivir que en los asuntos de Dios. Tenemos que trabajar, tenemos que ganarnos el sustento, si, pero, tenemos que encontrar tiempo para estar con él todos los días.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.


jueves, 4 de abril de 2019

Un solo mandamiento.




“Y éste es SU mandamiento”.
(1ª. Juan 1:23).

Estamos acostumbrados a que cuando se nos exhorta a cumplir con la ley bajo la gracia, nos digan: “Un mandamiento nuevo nos ha dado el Señor”.  Y, a, continuación que se nos hable de amar a Dios sobre todas las cosas, y, al prójimo como a nosotros mismos (Juan 13:34). Pero, éste mismo apóstol, aquél que se recostaba en el pecho del Señor, nos enseña en sus epístolas posteriores el verdadero mandamiento: “Y este es SU mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo” (1ª. Juan 1:23). Podemos ser muy religiosos; muy serviciales con el prójimo; exageradamente dadivosos; muy dedicados a los asuntos de la iglesia, etc. Pero eso, NO nos da la salvación de nuestras almas. Según éste apóstol (Juan) que fue muy allegado al Cristo, solamente cumpliendo SU mandamiento con un arrepentimiento sincero y CREER en el nombre del mismo, es lo que nos concede el perdón de Dios y por lo tanto la salvación eterna de nuestra alma (Juan 3:16-19), y nos agrega que: “Este es SU mandamiento”, no de hombre sino de Dios.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

miércoles, 3 de abril de 2019

¿Cómo alcanzar la bendición?




“Buscar lo bueno y no lo malo”
(Amós 5:14).

Aún y cuando no lo decimos, tanto creyentes como no creyentes hemos creído en algún momento que la “bendición” de Dios implica necesariamente “prosperidad”. Dios, quiere, puede y tiene con qué prosperarnos. Ahora bien, tenemos que entender que el sólo hecho de estar bajo la cobertura de él ya es bendición, pero no implica necesariamente que tengamos prosperidad. Ciertamente, en su soberanía, él hace y da lo que quiere con quien él quiere (Romanos 9:15). Pero, como en todo, hay requisitos mínimos a cumplir para poder ser prosperados… y entonces, Dios honra su palabra y prospera (Deuteronomio 28:1-2). Veamos: ¿Cuáles son esos requisitos mínimos?  1- Oír atentamente SU voz en la intimidad con él, no la de ningún hombre por santo que nos parezca (Deuteronomio 28:1 y Jeremías 17:5). 2- Guardar lo que nos dice a nosotros en lo personal por medio de la oración, su palabra, señales, sueños, etc. (Deuteronomio 28:1). 3- Poner por obra lo que nos dijo hacer o decir (Deuteronomio 28:2). Si cumplimos éstos mínimos requisitos: ¡Entonces…ABRIRÁ su buen tesoro, y nos dice cuál es ese tesoro… EL CIELO! (Deuteronomio 28:12).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



martes, 2 de abril de 2019

¿Entre su pueblo?




“Y por la mañana volvió al templo”
(Juan 8:2).

Todo el tiempo nos hacemos muchos cuestionamientos acerca de si “dentro” del pueblo de Dios se puede dar esto o aquello. Todo el capítulo 8 de Juan se desarrolla “dentro” del templo, lugar al que sólo podían entrar quienes eran “pueblo de Dios” (Juan 8:2). Y veamos lo que sucede en ese contexto: 1- La hipocresía de los líderes (pues se menciona explícitamente a escribas y fariseos, verso 3), que traen a la mujer adúltera… pero no traen al varón adúltero como lo especificaba la ley (Levítico 20:10). 2- Asistían entre las congregaciones personas que creían de corazón, pero las había que asistían por conveniencia (Verso 28 y 30). Los sinceros “oían y obedecían” (versos 31-32), pero los que estaban por conveniencia seguían en sus pecados (verso 34). 3- Quienes no querían “recibir o entender” la verdad (versos 43,45 y 47) atacaban a quienes la llevaban, por las “supuestas” deficiencias de quienes se las presentaban (versos 41 y 48). 4- Quienes no estaban en la verdad buscaban su gloria y no la de Dios (versos 50 y 54). Repetimos, TODO esto sucedió DENTRO del templo, en donde solamente entraba el pueblo de Dios. Y, el protagonista de ésta historia en Juan 8, es nada menos que el Cristo. Hoy, lastimosamente, vemos los mismísimos protagonistas en la Iglesia. ¡Cuidémonos!

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.




lunes, 1 de abril de 2019

¿Cuándo la bendición se convierte en maldición?



“Por cuanto no serviste”
(Deuteronomio 28:47a).

Ninguna persona “evita” la prosperidad, y dentro del pueblo de Dios, tampoco hay excepción a esto. Es más, eso es lo que Dios desea para todo su pueblo desde el principio de la creación: bendición y prosperidad (Génesis 1:28). Pero lastimosamente, vemos que a muchas personas la bendición de la prosperidad se les convierte en maldición. ¿Cuál es la razón de ello? El Señor mismo nos lo expresa en éste mismo libro y capítulo de Deuteronomio, verso 47: “Por cuanto NO serviste a tu Dios con alegría y gozo de corazón… cuando tuviste abundancia”. Una pregunta: ¿Cuándo muchos tuvimos abundancia si es precisamente lo que andamos buscando? Respuestas: 1- “El que tiene dos túnicas, de una a quien no tiene ninguna” (Lucas 3:11). Los abuelos nos decían: “Nadie es tan pobre que no tenga algo que compartir”. ¿Quién de nosotros no tiene dos camisas, dos pantalones, dos panes para compartir? ¿Entendemos el mensaje?  2- Lo agradable o bueno que hacemos a otros… “A él se lo hacemos” (Mateo 25:41). Lo poco que compartamos con otros… si lo hacemos con alegría y gozo de corazón… ¡Eso, dice Dios, evitará que la bendición se convierta en maldición, porque estamos sirviendo!

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.