“Fructificad y multiplicaos”
(Génesis 1:28).
La espiritualidad nace de Dios, la religiosidad ha nacido de los
hombres. La espiritualidad nos “hace” santos. Nos hace amar a Dios y luego
querer agradarlo, lo cual hacemos al obedecerle. La religiosidad nos hace “creer”
que somos santos, es más, nos confunde la definición de santidad, pues nos hace
“creer” (insistimos) que porque hacemos o dejamos de hacer algo somos
superiores a otros, cuando la santidad simplemente es estar “apartados” para
Dios. Y, en términos del matrimonio, lo santificamos cuando nos “apartamos” únicamente
para nuestra pareja. Volviendo a nuestro tema del pecado original, encontramos
una segunda razón por la cual no pudo ser sexo: “Tomó, pues, Dios al hombre y
lo puso en el Edén” (Génesis 2:15). Adán estaba SOLO cuando recibió la prohibición;
no habría podido “tocar” a una persona que ni siquiera sabía que iba a existir.
Una tercera causa: “Más, del árbol del bien y del mal no comerás” (verso
17); la prohibición fue acerca de comer
un fruto NO de tocar o dejar de tocar a SU mujer. Cuarta y final razón: “Eva
estaba SOLA cuando pecó” y luego fue, y dio a su marido el fruto (versos 1y 6);
Adán se enteró y participó del pecado “después” de Eva. Tenemos pues, suficientes
pruebas que el pecado original no fue el sexo. ¡No llamemos inmundo a lo que
Dios ha llamado Santo!, eso dijo Dios a Pedro, hablando de alimentos, pero
aplica también a éste tema (Hechos 11:9).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.