“Os predecíamos que
íbamos a pasar tribulación”
(1ª. Tesalonicenses
3:4).
Hoy en día, la
hipocresía, la diplomacia, el buen convivir, etc… Nos prohíbe decir la “verdad”
porque se considera “negativismo”. Usted va llegando a los 60, 65 ó 70 años y
decir que es alguien de la tercera edad o anciano… se considera “negativismo”
porque la juventud se lleva por dentro (dicen). Decirle usted a un creyente que
la verdadera doctrina de Jesucristo es la “cruz” (aceptarla y vivirla)… es
considerado ser “negativo”, es más, nos hemos encontrado con líderes que ante
la incapacidad de aceptar tal doctrina… están, otra vez, como en los tiempos de
Cristo: “expulsándonos” a ese tipo de ovejas de las congregaciones, pues
laceran y entorpecen “sus planes humanos” (Juan 9:22) (mercantilismo,
básicamente). Al mismo Cristo, los “religiosos”, no sólo lo expulsaron de la
sinagoga por decir ésta verdad sino hasta lo querían matar (Lucas 4:29). El
apóstol Pablo, instruyendo a los creyentes de Tesalónica les dice: “Os
predecíamos (profetizábamos) que íbamos a pasar tribulación, como ha acontecido
y lo sabéis” (1ª. Tesalonicenses 3:4); y en el verso 7 explica: “En medio de
TODA nuestra necesidad y aflicción fuimos consolados”. Preguntamos: ¿Fue el
apóstol Pablo “negativo”? ¿Fue el apóstol Pablo, mentiroso? O, simplemente como
los verdaderos creyentes, como Cristo, como el Bautista fueron “expulsados” de
las congregaciones por decir “la” verdad, una verdad que laceraba sus propósitos
humanos (Mateo 23:14). Meditemos.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.