“No habitará dentro de mi casa… el que hace fraude”
(Salmo 101:7).
Fraude: “Engaño económico con la intención de conseguir un
beneficio”. Malversación de fondos:
“Apropiarse indebidamente de fondos que han sido confiados en razón de un
cargo”. Preguntamos: ¿Quién está en la disposición de engañar teniendo un
beneficio, y, quién puede apropiarse de fondos indebidamente? ¿Quien está en un
cargo, o, quien está en sumisión; quién
da el dinero, o, quien lo recibe? Exacto… quien está en un cargo; quien lo
recibe. Cristo tenía éstos conceptos muy claros, por ello la reprensión tan
severa que hizo, en su momento a los “líderes” escribas y fariseos (Mateo
23:13-15); y hoy, a nosotros. Si analizamos las escrituras en donde Cristo
reprende y reprocha, veremos que casi el 100% de esas reprensiones y reproches
no se las hace al pueblo sino al “liderazgo” (Mateo 24:45) ¿Por qué? Porque es
el liderazgo quien manda las directrices en la congregación… nunca la
congregación. El liderazgo en el tiempo de Cristo había hecho su “feudo” en el
mando de la iglesia (Mateo 23:14-15) cuando Dios Padre había sido muy claro en
que si el Espíritu de Dios no desciende para gobernar al hombre (Jueces 16:20 y
1ª. Samuel 16:14), entonces es el hombre quien se gobierna así mismo, y eso, es
una maldición (Jeremías 17:5).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.