“Líbrame de los que me son ocultos”
(Salmo 19:12).
“Podemos engañar a todos por algún tiempo; podemos engañar a algunos
todo el tiempo; pero, no podemos engañar a todos, todo el tiempo”, palabras muy
sabias dichas por Abraham Lincoln (16avo. Presidente de la Unión Americana). Y,
la escritura nos enseña que: El corazón del hombre es tan engañoso, que muchos
de nuestros pecados o errores están tan ocultos que ni nosotros mismos los
vemos. El Rey David estaba consciente de ello, fue por eso que escribió éste
Salmo 19. Todos, tenemos secretos que no queremos que nadie sepa, aunque la
escritura nos dice que tarde o temprano serán descubiertos, pero, lo que sí
debemos evitar es tener pecados ocultos (Mateo 10:26). El Rey David era muy
débil pero amaba tanto a Dios que quería ser cambiado, por ello su
arrepentimiento fue “genuino”, y esa, debe ser nuestra actitud y meta. No
importa cuántos pecados expuestos u ocultos tengamos, clamemos a Dios porque
nos ayude a sacarlos de nuestra vida. Poca será la vergüenza y el esfuerzo
comparados con el galardón eterno que nos espera (Mateo 25:34).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.