¡Volvéos a Jerusalén y esperad la promesa!
(Hechos 1:4).
Cristo está por ser llevado
al cielo y la orden que les da a sus amados es: ¡Volveos a Jerusalén y esperad
la promesa!. Ellos van y regresan a Jerusalén, específicamente al Aposento Alto
(verso 13), en donde tantas veces se habían dedicado a orar, y eso volvieron a
hacer, y cuarenta días después recibieron “La promesa”, el poder para cambiar
el mundo. Qué pasaría, si hoy, alguien nos hiciera esa indicación, ¿Qué
haríamos? ¿Volveríamos a nuestros aposentos secretos a orar y a esperar? El
reto es: ¿Aunque nadie nos lo indique, por qué no lo hacemos? ¿Qué pudiéramos
perder si dentro de cuarenta días no pasa nada? Pero también ¿Qué pasaría si
sobre nosotros viniere ese gran poder que mucho pueblo está esperando, pues
está profetizado? (Deuteronomio 11:14). Selah.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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