jueves, 26 de marzo de 2020

La Iglesia Primitiva. (Parte final).



En éste contexto, vemos que por los próximos 300 años los “creyentes” se ven obligados a “seguir escondidos” en cuevas y cavernas que hoy conocemos como “catacumbas”, pues de lo contrario eran “asesinados”, por lo qué, por SIMPLE LOGICA, no había reuniones comunales, no había templos, todo culto era a “escondidas”. Es, hasta los años 312-325 cuando el emperador romano Constantino se convierte al cristianismo, y decreta, al mismo como “la religión del estado”, “obligando” a creyentes y no creyentes a seguir y respetar la fe CRISTIANA, permitiendo los cultos públicos. Como primera medida lógica, elimina las persecuciones  en lo que “falsamente” es llamado el primer concilio (Nicea 325), pues recordemos que el primero se celebró en Jerusalén con el apóstol Pablo, Bernabé y los 12 discípulos (Hechos 15).

Pero Constantino comete otro error grave (el primero fue la obligación de seguir la fe), pues concede “poder y autoridad” al clero de Roma (específicamente al obispo Silvestre I) entregándole, el “Palacio de Letrán y la Basílica adjunta”  como su residencia, quien dicho sea de paso la autonombró DOMUS DEI o casa de Dios, naciendo así,  no solamente la Iglesia Católica Romana sino también la idea “humana” de realizar grandes construcciones en el nombre de Dios, haciendo desparecer así los cultos en casas. Cuando la escritura es clara en decir que: “Dios NO habita en templos hechos con mano de hombre” (Hechos 17:24-29).    

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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