martes, 24 de marzo de 2020

La Iglesia Primitiva. (Parte uno).




Muchos judíos creyentes en la Ley de Moisés (Hechos 2:46-47), y muchos más gentiles paganos (Romanos 3:9) se convirtieron a la doctrina que Cristo trajo derivada del Nuevo Pacto que Dios había ofrecido 600 años antes (Jeremías 31:1, 33-34). Estos “nuevos” creyentes, NO podían reunirse en el templo, no podían reunirse en sinagogas, pues precisamente por ser seguidores del Cristo fueron “echados”  de allí (Juan 9:22).  Es más, el MISMO Cristo fue “expulsado” de la sinagoga por su prédica (Lucas 4: 16, 28-29). Fueron tantos los seguidores del Cristo, que hubo una primera persecución y dispersión del “cristianismo” (NO de judaístas ni religiosos) sino de seguidores del Cristo. Por eso fueron llamados “Cristianos”… porque ya no seguían una religión sino al Cristo (Hechos  11:26).

Hagamos historia un poco:

Cristo dice a sus discípulos que pronto tendrá que dejarlos, pero que no se angustien pues Dios les enviará un “Consolador” (Espíritu Santo) (Juan 14:26). Resulta que éste consolador, viene unos días después de la partida del Cristo, pero, ¡oh sorpresa! NO viene al templo, no viene a la sinagoga, no viene a una de las casas de los religiosos… sino viene a una “casa” en particular el aposento en donde los apóstoles estaban “escondidos”, dicho sea de paso, por miedo (Marcos 14:50; Hechos 2:2). Curiosamente, ni los religiosos, ni los que estaban en el templo, ni los que estaban en la sinagoga se “enteran” siguiera que el Espíritu Santo descendió. ¡Curioso verdad!

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario