Cuando Dios le habló
al profeta Ezequiel acerca de lo que le acontecerá personal y repentinamente a
él, era porque lo estaba poniendo como “figura” a su pueblo (Ezequiel 24:3,16 y
especialmente 24). Cuando Dios quiere ser determinante y específico, lo es.
Otro ejemplo lo vemos con Adán cuando en Romanos 5:14, explica que él (Adán) es
una “figura” del Cristo que había de venir. ¿Cuál es el punto? El punto es que,
en la Revelación de Jesucristo, Apocalipsis, en el capítulo 4 y verso 1, muchos
eruditos y estudiosos de las escrituras “decidieron” que se trataba del RAPTO
de la Iglesia al cielo para que ésta no pasase la tribulación, pero lo que
vemos en los primeros tres capítulos no es la afirmación de que Juan sea una
“figura” de la Iglesia, sino más bien se afirma que él es otro “mensajero” de
la misma (para que seas “testimonio” de lo que has visto nos dice Apocalipsis
1:1b). Era necesario que el apóstol Juan subiera al cielo a “conocer” los
sucesos venideros para que los pudiera describir, pues como ya vimos, se le
dijo: “escribe lo que fue, lo que es y lo que será después de éstas cosas”
(Apocalipsis 1:19). Por ello, “asumir” que él “representa” a la Iglesia yendo
al cielo es una “duda, más que razonable”: Apocalipsis 4:1 NO es la Iglesia
yendo al cielo, repetimos, es solamente el apóstol Juan para ver el futuro y
luego describirlo.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
Nota: Estos mensajes
son un ANALISIS de lo que nos dice Apocalipsis.
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