“Moraban entonces en
Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el sol” (18
regiones en total) (Hechos 2:5)… “Y cada uno les oía hablar en su propia
lengua”. El Espíritu Santo ha recién ungido con el “don” de lenguas a los
discípulos, y éstos aplicándolo, se comunican en diferentes “idiomas y
dialectos” sin necesidad de “interpretación alguna”. La pregunta es, hoy, tantos
que se ufanan de tener el “don” de lenguas, y cada vez que lo aplican es la
misma frase, y resulta que el “raca tataca tataca” en cada ocasión lleva un
mensaje…” diferente”, situación que NO se dio con los discípulos ni se da en
los idiomas y dialectos antiguos ni modernos. Las escrituras nos enseñan: 1-
Que NO son sonidos ni gesticulaciones sino idiomas, dialectos, o lenguajes
(Hechos 2:5 y 8-11); y 2- Que NO es cualquier persona la indicada para hablar
en lenguas, y tampoco es cualquiera, quien las interpreta (1ª. Corintios
12:10). ¿Y entonces, a quién le creemos?.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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