jueves, 14 de noviembre de 2019

Y no había ningún necesitado.




En el principio de la Iglesia que Cristo nos heredó se nos explica que: “No había ningún necesitado entre ellos” (Hechos 4:34). Preguntamos: ¿Qué sucedió en el camino, para que eso cambiara? La respuesta es la misma de siempre: “El corazón engañoso del ser humano”. Siempre existen personas que se “aprovechan” de la situación y dejan a otros sin lo que les corresponde, vea Hechos 6:1. Y esto, no era nada nuevo, en el principio de los tiempos algunos “aprovechados” quisieron engañar a Dios y los engañados fueron ellos (con el maná, vea Exodo 16:20). Hoy, existen personas que “engañados” por su corazón, dejan a otros sin lo que les corresponde y se aprovechan de la buena fe de los incautos, porque simplemente “hablan” de Dios pero no lo “conocen” Y, es por esa misma razón, que no saben que el maná se pudre por el enojo de Dios, por ello toman para sí, lo que llaman “el dinero de Dios”, pero los demás siguen necesitados (Exodo 16:20).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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