"Profesando ser sabios, se volvieron necios"
(Romanos 1:22).
Un segundo engaño del corazón y de daños irreparables, es la "mentira" (Génesis 3:4). La mentira hace muchísimo daño, pues lastima al que la recibe y a quien procura el engaño. Nos hace tomar pésimas decisiones por la sencilla razón que la base de esas decisiones es débil, por lo tanto, lo que construyamos encima también lo será. La mentira además destruye la confianza entre las personas. ¿Cómo nos sentiríamos nosotros si luego de una vida de lucha, de limitaciones y de abstenciones, todas las promesas que Dios nos ha dejado en las escrituras no fueran ciertas? Frustrados, decepcionados, engañados... pues eso es lo que la mentira causa entre los hombres. Por ello, hemos de vivir agradecidos por aquellas palabras alentadoras de Cristo: "En la casa de mi Padre hay muchas moradas, y yo voy a prepararlas para vosotros... si no fuera así, YO NO OS LO DIRÍA (Juan 14:2). Cuando somos mentirosos profesamos ser sabios... pero en realidad somos necios.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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