"Padre mío, si es posible, pasa de mí ésta copa".
(Mateo 26:39).
¿Quién de nosotros no ha tenido un momento de titubeo, de gran angustia, de tremenda soledad en el camino? ¿Cuántas veces no ha habido duda en nuestro corazón si vale la pena tanto esfuerzo y limitación? Miramos a impíos prosperando y sin tener aparentemente problemas (Proverbios 24:1). Miramos a personas que no se esfuerzan como otros y tienen más que los primeros; miramos personas que no trabajan, y aún así, cubre sus necesidades, y es más, muchos entre nosotros, con gran esfuerzo apenas si ajustan su presupuesto (Proverbios 5:7). Todo éste panorama es natural aún hasta en el más entregado a los asuntos de Dios. Cristo mismo tuvo un momento de titubeo, de gran angustia (sudó sangre dice la palabra), de tremenda soledad (pero lo superó). Fue en Getsemaní que exclamó: "Padre mío, SI ES POSIBLE, pasa de mí ésta copa...pero hágase tu voluntad y no la mía" (Lucas 22:42). Y, entonces... llevó la cruz con gozo. ¿Llevaremos nosotros la nuestra con el mismo gozo?
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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