"Cada uno hacía lo que bien le parecía"
(Jueces 21:25).
El libro completo de los Jueces nos narra en detalle la triste y engañosa historia del pueblo de Dios en esos tiempos: "Pecaba, se arrepentía, pedía perdón, era perdonado... y entonces volvía a pecar". 'Cuál fue el resultado de la liviandad del pueblo: "esterilidad en cuanto a la prosperidad espiritual" (Jueces 7:2 y 16:16). ¿Hasta cuándo cambió el pueblo de Israel ese círculo de pecado? Hasta que vino Cristo e hizo una división entre el pueblo. Y encontramos a partir de allí a los "cristianos" (entre judíos y gentiles) (Hechos 11:26), y, aquellos judíos que mezclaron el cristianismo con las prácticas de la Ley de Moisés, llamados aún hoy en día "judaistas". Estos últimos fueron quienes persiguieron a la verdadera Iglesia (Hechos 24:1,5,9,14 y 22). De Constantino (325) para acá ha sido la "religiosidad" (*) la que ha perseguido al cristianismo. Seguir a Cristo nunca fue una religión, seguir a Cristo es un sistema de vida, es una relación personal e íntima con él (Juan 17:3). Seguir a Cristo no son ritos, costumbres, ni tradiciones (eso fue lo que él vino a destruir, vea Mateo 23 completo), es una caminata bajo su guía y protección.
(*) 1- Las cruzadas (1095); 2- La inquisición (1184); 3- La aniquilación por hoguera de la Orden de los Caballeros Templarios (1312); la excomunión de Martín Lutero, Juan Calvino y Ulrico Swinglio (1520).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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