"No olvides ninguno de sus beneficios"
(Salmo 103:2).
Un empleado Carbonero (Curly) en 1919 se quedó asombrado cuando el dueño y gerente de la carbonera llegó vestido en su gran traje sastre y sus zapatos brillantes, se quitó la chaqueta y empezó a palear al lado suyo. Con mucho respeto le preguntó: ¿Qué hace Señor, para esto me paga? Y el gran señor, luego de haber tenido un día en el cuál las circunstancias se le salieron "inusualmente" de las manos, le respondió: "En bueno, Curly, de vez en cuando... no olvidar de dónde venimos". Esto mismo nos sucede continuamente en lo espiritual, OLVIDAMOS que no fuimos nosotros los que elegimos a Dios, sino él quien nos eligió a nosotros (Efesios 1:4; Juan 6:40; Juan 15:16; Juan 17:2; 1a. Juan 4:19). El acomodamiento, el orgullo y la ceguera espiritual nos hacen OLVIDAR los favores recibidos, y es entonces, que nos creemos merecedores de todo, por lo que, cuando las circunstancias se nos salen de las manos (que continuamente sucede), OLVIDAMOS de dónde él nos sacó; olvidamos qué tan mal estábamos material y espiritualmente hablando... y nos quejamos, murmuramos, opinamos en contra, discutimos por situaciones efímeras, pero que nos hacen estancarnos en la caminata con Dios por insensatos (Proverbios 19:3).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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