El ego humano puede
negarse internamente el hecho de que somos seres idólatras, pero los hechos en
nuestra vida evidencian lo contrario. Faltar al primer mandamiento que Dios nos
dio, es una de las tristes características del ser humano, no así del “creyente”.
Veamos: El apóstol Pablo y Bernabé llegan a Listra, ciudad en donde encuentran
y sanan a un lisiado, éste hecho, aunado al sentimiento de idolatría que los
habitantes de la ciudad tenían hace que les pongan “apodos” acorde a su
acostumbrado sentimiento de idolatría: Al apóstol le llaman: Júpiter, y a
Bernabé: Mercurio (Hechos 14:12). ¿Por qué? Porque ellos estaban acostumbrados
a la idolatraría, la prueba es que hasta tenían un templo a Júpiter y
sacerdotes que ministraban allí (verso 13). Según la Academia de nuestro idioma:
Rendirle culto a una imagen implica “adorarla” (lo cual según Dios, es pecado);
y “venerar”: es una expresión que implica dar culto a Venus (lo cual también es
pecado). Conclusión: Dar crédito a cualquier imagen es “idolatría” y por lo
tanto es pecado.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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