Hemos perdido la cuenta de las personas que nos dicen:
“Por favor, oren por mí, porque a ustedes sí los oye Dios”. Queremos recordar
una porción de la escritura en el Libro de los Hechos de los Apóstoles,
capítulo 16:14, en donde se nos narra la historia ocurrida en la ciudad de
Tiatira de una mujer llamada Lidia, que aún y cuando se nos explica que “adoraba
a Dios”, tuvo necesidad que fuera Dios mismo quien le abriera su corazón al “entendimiento”
de la palabra que era enseñada por el apóstol Pablo para poder comprenderla
(Hechos 16:14 final). ¿Qué lección nos deja esto? Que si “adorando” a Dios,
necesitamos de su ayuda para entender sus caminos, con razón si nos apegamos a
una tradición, a costumbres, a ritos, a religiones (que NO son ni representan
adorar a Dios)… menos lo vamos a entender. ¡Razón hay para que Dios no nos
escuche las oraciones así! Santiago 5:16.
Nota: Queremos aclarar dos situaciones: 1- Dios nos
escucha a todos cuando oramos pero hacerlo en grupo es un apoyo en el cual
creemos (Mateo 18:20). Y 2- Oramos con mucho gusto, porque ese es parte nuestro
Ministerio y que no le cuesta nada a nadie, es por gracia que lo hacemos.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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