Pablo y Bernabé (llamados a predicar a los gentiles
–nosotros-), tienen problemas con algunos “religiosos legalistas”, que,
pretendían imponer más reglas que las que el Espíritu había impuesto (Hechos
15:1). Para solucionar el problema (Pablo y Bernabé) se dirigen a Jerusalén, en
donde solicitan hablar con la cabeza (Jacobo, el hermano del Señor, Hechos
15:13), quien convocando al primer Concilio de la historia cristiana, exclama
como conclusión: “Ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros” NO imponer
NINGUNA otra carga a los gentiles sino tan sólo éstas cuatro: 1- Abstenerse de
lo sacrificado a los ídolos, 2- Abstenerse de comer sangre, 3- Abstenerse de
comer animal ahogado, y, 4- Abstenerse de fornicación. Las preguntas del millón: ¿Si somos
“gentiles” (pues no nacimos en Israel ni somos descendientes de judíos nacidos en
Israel), quién nos impuso más reglas? ¿Con qué objetivo se nos impusieron o se
nos tratan de imponer reglas adicionales? ¿Si el Espíritu Santo sólo dispuso
cuatro reglas para nosotros los gentiles creyentes (y eso trajo “consolación”
al pueblo de Dios, vea el verso 31) quién impone más reglas, con qué autoridad
las impone, y lo más importante aún, por qué no traen la misma consolación sino
más bien división?. Tan sólo meditemos.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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