Todos los seres humanos que trabajamos, lo hacemos
porque creemos es la forma de agradar y cumplir con Dios para lograr tener una vida
mejor. Creer que se la puede tener sin trabajar, es una utopía, una señal de
ignorancia y un irrespeto a la ley de Dios quien nos dice: “Te ganarás el pan de
cada día con dolor y con el sudor de tu frente” (Génesis 3:17-19). Ahora bien,
hemos de entender otra situación que también es una verdad bíblica: “Él… es
quien da a quien quiere, cuando él quiere, y como él quiere” (Hechos 17:25). Lo
que implica que no necesariamente todos los que trabajamos seremos triunfadores
(en lo que a prosperidad se refiere), sino solamente los que él “designe” (la
escritura dice: los que “ha prefijado”, verso 26). Las demás personas tendremos
lo necesario y punto. Pero, si vemos y entendemos lo precario de la vida de la
gran mayoría de personas en el mundo, ya sólo eso, es para que estemos más que
agradecidos.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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