Cuando pensamos en la
palabra disciplina, pensamos en castigo, en corrección, en regaños, ciertamente
que cumple esa función la palabra. Pero, también indica un entrenamiento, una
enseñanza, una forma de cambiar. Ningún campeón olímpico de ninguna “disciplina”
ha llegado al podio a recibir su medalla de oro, sin antes, haber cumplido con
un requisito básico: “Disciplina”. Ocho, diez y hasta doce horas de prácticas,
de entrenamiento fuerte, de abstenciones de placeres, de limitaciones en varias
áreas, etc. han sido los patrones de todo campeón. Ahora bien, en lo espiritual
se nos enseña también que: “Aceptemos la disciplina del Señor” (Hebreos 12:5) (refiriéndose
a entrenamiento, no a un castigo). Esto, para poder “servirle” conforme “sus”
propósitos no según los nuestros.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario