viernes, 4 de octubre de 2019

La copa… me la dio el Padre.




Cristo en su peor momento de vida dijo: “La copa que me dio mi Padre… ¿no la he de beber? (Juan 18:11). La pregunta para nosotros es: ¿Si nos llamamos cristianos, es porque seguimos a Cristo, acaso no debemos entonces seguir sus huellas?  Y, por lo tanto, en los peores momentos de la vida,  acaso ¿No hemos de beber la copa que el Padre dispuso colocarnos también a nosotros en las manos?  Si tenemos esa “cobarde” actitud de “retirarnos” cada vez que vemos la vida difícil ¿En dónde terminaremos parados? ¿Seremos entonces “dignos” de ser llamados cristianos? La escritura nos enseña que hace más daño el que duda, el que se quiebra, el que se rinde, el inconstante… que el que es rígido en sus pensamientos y obras, a tal grado que Dios a esas personas las desecha para siempre (Santiago 4:8 y Apocalipsis 3:16). 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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