Cristo en su peor
momento de vida dijo: “La copa que me dio mi Padre… ¿no la he de beber? (Juan
18:11). La pregunta para nosotros es: ¿Si nos llamamos cristianos, es porque
seguimos a Cristo, acaso no debemos entonces seguir sus huellas? Y, por lo tanto, en los peores momentos de la
vida, acaso ¿No hemos de beber la copa
que el Padre dispuso colocarnos también a nosotros en las manos? Si tenemos esa “cobarde” actitud de
“retirarnos” cada vez que vemos la vida difícil ¿En dónde terminaremos parados?
¿Seremos entonces “dignos” de ser llamados cristianos? La escritura nos enseña
que hace más daño el que duda, el que se quiebra, el que se rinde, el
inconstante… que el que es rígido en sus pensamientos y obras, a tal grado que
Dios a esas personas las desecha para siempre (Santiago 4:8 y Apocalipsis
3:16).
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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