jueves, 24 de octubre de 2019

No es lo mismo celo que amargura.




Señalar una verdad no implica necesariamente amargura. Dar a conocer una verdad, no es criticar (ni sentirse uno exento) sino tener un honesto celo por esa verdad o por quien representa esa verdad, y, respetarla. El mismo Cristo pudo ser señalado de “amargado” si vemos el “celo” con el cual llegó a limpiar el Templo de los cambistas ambiciosos y codiciosos que lo habían invadido (Juan 2:15). Exponer una verdad para que quienes están siendo abusados de su buena voluntad y explotados en su espiritualidad abran sus ojos, (repetimos) NO es amargura sino un honesto celo por la casa de Dios y su persona. Sobre todo cuando se está en la lucha de estar respetando esa verdad.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario