Para los pastorcitos
de la época, la señal fue: “El niño que ha nacido, está en un pesebre en el
establo” (Lucas 2:12 y 16). Para Pedro, la señal fue: “Cuando el gallo haya
cantado tres veces, sabrás que me has negado” (Mateo 26:34 y Juan 18:27). Para
los soldados que tomaron prisionero al Cristo en el huerto, la señal era: “A
quien yo bese” (Lucas 22:48). El Señor siempre que algo va a hacer con o para nosotros
nos da “señales”, el problema es que si nosotros NO estamos en constante
comunicación con él, entonces no las veremos. Los pastores que no estaban con
aquellos a quienes los ángeles les hablaron… no “conocieron” las señales; quienes
no estaban con Pedro cuando el gallo cantó… no se “dieron cuenta” de la señal;
y aquellos soldados que no eran parte del batallón de presa del Cristo… ni se
enteraron que “había” una señal. Tenemos que estar en presencia o en comunicación
con Dios para poder conocer, darnos cuenta o enterarnos de las señales.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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