lunes, 28 de octubre de 2019

La confesión de pecados.




“Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y oren unos por otros” (Santiago 5:16). La confesión de pecados se hace entre las personas “afectadas” no para con terceras personas. ¿Qué se gana con confesar nuestras faltas a una tercera persona, que nos perdonará sin ningún problema, mientras las personas ofendidas quizás ni se enteran que ya nos arrepentimos de lo que hicimos o dijimos? Por ello, el apóstol nos enseña, que, “después” de haber arreglado el asunto entre las partes interesadas, “oremos unos por otros”, no una oración particular sin que las personas o la persona afectada se entere de nada. Sólo así se cumple el precepto de “a quien perdonéis los pecados le serán perdonados” (Juan 20:22).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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