El apóstol Juan, el
amado del Señor, aquél que fue el único de los íntimos que se recostó en el
pecho del Señor (Juan 13:25). No solamente nos escribió un evangelio sino
también tres epístolas (1ª,2ª y 3ª. de Juan) y uno de los libros más
importantes de la escritura (Apocalipsis). De él, de ese apóstol tan amado del
Señor (Juan 21:7) se nos dice que todo lo que escribió, lo hizo para que
“creyéramos” en el Cristo, y que, lo que él dice es creíble porque su
testimonio es verdadero. La principal lección sin duda es que creamos en el
Cristo, pero una segunda sería que vivamos de tal manera apegados al pecho del
Señor, que nuestra vida incite a otros a un evangelio creíble. Que primero
“practiquemos” y luego “prediquemos”.
Nota: Perfectos para
predicar nunca seremos, pero la lucha es la que Dios bendice, prospera y
respalda, no las intenciones personales ocultas (las cuales tarde o temprano se
hacen manifiestas).
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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