En 1ª. Corintios 3:16
el apóstol Pablo nos confirma que “cada creyente en sí… es un templo, es la
iglesia de Jesucristo”. No son, pues, las cuatro paredes que conocemos como
iglesia, la Iglesia de Dios somos nosotros. Cuando, pues, en Apocalipsis se menciona: “El que tenga oído
para oír… oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”. Las “paredes” no
escuchan por lo tanto no pueden “entender” ni mucho menos “obedecer” lo que
dice el Espíritu de Dios, pero nosotros los creyentes sí. Es por eso mismo,
repetimos lo dicho que, aunque parezca una herejía, creemos que el mensaje de
Apocalipsis es como la salvación: Algo que debemos “recibir, aceptar y entender
en lo personal”… no algo que nos pueda enseñar alguien más, por erudito que se
llame o sea en las escrituras. Pero, no lo podremos entender si no nos
convertimos en SUS siervos (Apocalipsis 1:1); en SUS amigos íntimos y
personales (Juan 15:15). En éste último verso el Cristo nos dice: “Si sois mis
amigos, os daré a conocer todas las cosas”. Y, ¿Qué es lo que le Cristo le dio
a conocer al apóstol Juan, SU amigo, SU siervo? Apocalipsis 2 y 3 nos lo
explica.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
Nota: Estos mensajes
son un ANALISIS de lo que nos dice Apocalipsis.
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