Por siglos los
creyentes en Dios, quienes eran casi exclusivamente judíos (Exodo 12:37-38;
Números 11:4) adoraron y honraron a Dios respetando y cumpliendo la Ley dada a
Moisés en el Monte Sinaí u Horeb, o sea, los diez mandamientos (Exodo 20 y
Deuteronomio 5). Pero, lastimosamente, la descendencia de Abraham NO respetó
esa Ley. Fue esa la razón por la cual Dios decidió hacer un Nuevo Pacto, ya no
solamente con la descendencia de Abraham como el pueblo de Israel, sino con
toda la humanidad restante (gentiles). Así, en tiempos del profeta Jeremías,
Dios promete que todo aquél que permita que su ley sea inscrita en su corazón,
será llamado también, pueblo de Dios (Jeremías 31:31-33). Ese sería, según
palabras del mismo Cristo, el momento en que el evangelio se predicara “a” y “en”
todo el mundo (Mateo 24:14 y Marcos 13:10).
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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