Cristo dijo a sus
discípulos: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la
da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27). Y sabemos que él
cumple sus promesas. En el tiempo antiguo, el Padre sacó a Israel de la
esclavitud de Egipto diciéndole: “Tomarán de la sangre (del cordero), y la
pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer”
(Exodo 12:7). Y aconteció que a la media noche Jehová hirió a todo primogénito
de los egipcios, pero no así, en las casas de los judíos quienes obedecieron a
la orden de Dios (Exodo 12:29). Hoy, debido a las plagas que ya iniciaron a
caer sobre la humanidad (mateo 24:7 y Apocalipsis 6:8), Dios nos dice: “Quédate
en casa… y no moriréis”. Ese dintel que en tiempo antiguo se pintó con la
sangre del cordero, hoy NO está pintado físicamente, pero “quedarse en casa”,
obedeciendo, es nuestro seguro de vida.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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