Todos los creyentes
conocemos cómo Dios creó el mundo y al hombre, y luego, le colocó en el huerto
del Edén con todas las condiciones idóneas, para que, allí, se multiplicara y
señoreara sobre él (mundo) (Génesis 1:28). Y el hombre supo cumplir muy bien
esa función. Pero, unos siglos después,
y al haberse multiplicado, se nos dice que su maldad llegó al colmo a Dios
(Génesis 6:1), tanto así, que la corrupción y la violencia eran el diario vivir
del hombre (Génesis 6:11) con una sola excepción, Noé y su familia (Génesis
6:8). Así, Dios le avisa a Noé que destruirá a todo el mundo viviente, pero que
él NO morirá (Génesis 6:13. Para ello debía construir un Arca, bajo las
directrices que recibiría (Génesis 6:15-21). Y, ciertamente Noé fue salvado.
Pero no solamente por el Arca, sino más por su obediencia, mire lo que dice el
verso 22 de Génesis 6: “Y Noé hizo TODO conforme a lo que Dios le había
mandado”.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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