Bajo las premisas
vistas anteriormente, el rey David, “decide” por voluntad propia hacer un
templo a Dios, no es Dios quien lo pide (2ª. Samuel 7:2 y 1ª. Reyes 8:17-18). Y
desde su construcción hasta éstos días, ese templo estando o no estando
levantado, ha tenido consecuencias como dijo Dios: Primero: Ha venido a ser un
“ídolo” para los judíos en su momento, y, para creyentes en el tiempo actual (Juan
9:34 y 4:21-24). Y, dos: Se ha convertido, tanto en tiempo de los judíos como
ahora, en cueva de ladrones y no en casa de oración como dijo el mismo Cristo
(Mateo 21:13), lo que ha traído muchas y duras consecuencias, como las que traerá
el Ecumenismo muy pronto… y muchos no sólo no lo entienden sino que aún dicen,
ofendidos: ¡Eso, no nos importa!.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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