El deseo de querer
ser “todos” aceptados como cristianos viene desde siglos atrás. Luego de la
partida del Cristo al lado del Padre (Hechos 1:11 y Marcos 16:19), los judíos
creyentes en la Ley de Moisés (judaísmo), se creían los privilegiados por
seguir a Abraham (Juan 8:39). Los judíos convertidos al cristianismo (judaistas),
pero que querían seguir cumpliendo tanto ritos, costumbres y tradiciones
judaicas de la Ley de Moisés y la Ley de la Gracia, se creían los privilegiados
(Hechos 15:1). Los gentiles que se convertían a la ley del Cristo, se creyeron
los privilegiados (Gálatas 4:24-26). Pero, a todos, la ley romana de la
persecución los obligó a estar escondidos y viviendo anónimamente por muchos
años. Para ser precisos desde la destrucción de Jerusalén en el 70 hasta
principios de los años 300.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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