"Amaste la mentira más que la verdad"
(Salmo 52:3).
Vivimos tiempos difíciles, tanto así que hasta quienes no conocen ni entienden las escrituras expresan: "Estamos en tiempos apocalípticos". Es tan dramática la situación que la mentira es parte activa e integrada a la vida, y, lamentablemente, uno de los principales motores para que muchos sobrevivan. Tanto así, que hemos llegado al extremo de creer que hay mentiras graves pero también las hay veniales. Graves las que nos pueden "condenar" el alma, y veniales las que "nos sacan del apuro" en que nosotros mismos nos hemos metido. La escritura es clara: "Al engañador (mentiroso) abominará Jehová" (Salmo 5:6); "El que habla mentira (no importa si es grave o venial) NO se afirmará delante de mí, dice Jehová" (Salmo 101:7); "El justo aborrece la mentira" (Proverbios 13:5). El punto es el siguiente: Estamos tan acostumbrados a la mentira, que cuando alguien nos dice la verdad, nos sentimos aludidos, ofendidos, juzgados, señalados y nos "enajenamos" a tal extremo que dejamos pasar la oportunidad (quizás la única o la última) de enmendar la plana. Y, en lo espiritual, el problema es que pronto estaremos dando cuentas a Dios de nuestra vida y actos (Apocalipsis 20:12).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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