"La luz se pone sobre el candelero".
(Mateo 5:15).
Evidencia uno: Belén de Judea, territorio de Israel. Todo nacido allí por lo tanto era y es un israelita, un Judío. Jesús, el hombre, nació allí, por la obra del Espíritu Santo en María (una mujer israelita) y criado por su padre adoptivo José (también israelita), lo que hacía de Jesús, un israelita verdadero (Mateo 1:23-24). Fue esa la razón por la que durante sus años de dominio familiar Jesús practicara la Ley de Moisés, guía y patrón espiritual del pueblo de Israel (Lucas 2:39-40). Pero, a sus 30 años (Lucas 3:23) cuando fue ungido como el Hijo de Dios, su Divinidad floreció e inició a predicar todo lo que los profetas habían sido enviados a anunciar: "Una nueva ley, un Nuevo Pacto de Dios con el hombre" (Jeremías 31:31). No una nueva religión, sino un nuevo pacto, una nueva ley, la Ley de la Gracia (Mateo 26:28). Cristo murió bajo las leyes y normas criminales de los romanos, preguntamos: ¿Si Cristo hubiera formado una religión, iba él a formar una religión romana? En todo caso, no sería más lógico pensar que fundaría una nueva religión pero judía, con sede en Israel y no en Roma, dado que como ya se probó, él era judío y fue víctima de los romanos? La luz se pone sobre el candelero... no se esconde dijo Cristo.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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