"Y llegó a ser grande".
(Ester 10:3).
El poder y la riqueza tienden a hacernos creer que somos grandes entre las gentes, pero las escrituras nos enseñan otra situación. Por ejemplo, vemos la vida de un Mardoqueo, que nunca buscó su propia gloria sino que en todo momento buscó el bienestar del rey (Ester 2:21.22); de su prima y protegida Ester (quier había quedado huérfana), y que en todo momento también buscó la preservación de su pueblo (Ester 8:3). Es por ello que en el final del libro de Ester, se narra lo siguiente acerca de él: "Mardoqueo el judío fue segundo después del rey Asuero, y GRANDE entre los judíos, y estimado entre sus hermanos" (Ester 10:3). Cuán diferente haríamos éste mundo, si por fin comprendiéramos que el dinero y el poder son un recurso para ayudar a otros, no solamente, para satisfacernos a nosotros mismos ni creernos superiores.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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