lunes, 25 de febrero de 2019

A pesar de haber pecado.




“Y tuvo Ezequías riquezas y gloria”.
(2ª. Crónicas 32:27).


Todos los hombres y mujeres que trabajamos lo hacemos no solamente por el sustento diario, sino también para guardar algo para nuestra vejez. El hacerlo ciertamente se nos ha convertido en una obsesión o afán, pero el no hacerlo es una insensatez e ingratitud, pues sometemos a nuestros parientes más cercanos a luchas extras además de las suyas. Nunca debemos perder la esperanza de que Dios nos prospere si nos humillamos a sus pies. Quizás un ejemplo idóneo en éste sentido sea el rey Ezequías, Dios le dice que va a morir, éste clama por la vida y Dios le concede quince años más. En ellos él comete un pecado grave de desobediencia y orgullo (2ª. Crónicas 32:24.25), sin embargo, la gloria y las riquezas le vinieron a Ezequías “después” de haber pecado y tener un “arrepentimiento genuino” delante de Dios (verso 27). No importa la edad que tengamos; no importa el pecado que hayamos cometido; no importa lo infortunado que haya sido nuestro camino por nuestra culpa o por culpa de otros; si buscamos a Dios tarde o temprano encontraremos, al menos, la estabilidad económica que él nos promete, y quizás hasta la riqueza y la gloria. Muchos hombres y mujeres han encontrado eso a avanzada edad… ¿Por qué no había de pasarnos a nosotros si nos humillamos a los pies de Cristo?  


Señor: Danos un honesto celo por tu casa.


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