“Y tuvo Ezequías riquezas y gloria”.
(2ª. Crónicas 32:27).
Todos los hombres y mujeres que trabajamos lo hacemos
no solamente por el sustento diario, sino también para guardar algo para
nuestra vejez. El hacerlo ciertamente se nos ha convertido en una obsesión o
afán, pero el no hacerlo es una insensatez e ingratitud, pues sometemos a
nuestros parientes más cercanos a luchas extras además de las suyas. Nunca
debemos perder la esperanza de que Dios nos prospere si nos humillamos a sus
pies. Quizás un ejemplo idóneo en éste sentido sea el rey Ezequías, Dios le
dice que va a morir, éste clama por la vida y Dios le concede quince años más.
En ellos él comete un pecado grave de desobediencia y orgullo (2ª. Crónicas
32:24.25), sin embargo, la gloria y las riquezas le vinieron a Ezequías
“después” de haber pecado y tener un “arrepentimiento genuino” delante de Dios
(verso 27). No importa la edad que tengamos; no importa el pecado que hayamos
cometido; no importa lo infortunado que haya sido nuestro camino por nuestra
culpa o por culpa de otros; si buscamos a Dios tarde o temprano encontraremos,
al menos, la estabilidad económica que él nos promete, y quizás hasta la
riqueza y la gloria. Muchos hombres y mujeres han encontrado eso a avanzada
edad… ¿Por qué no había de pasarnos a nosotros si nos humillamos a los pies de
Cristo?
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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