jueves, 7 de febrero de 2019

¿En dónde está la ramera?




“¿Cómo te has convertido en ramera, oh ciudad fiel?
(Isaías 1:21).

El apóstol Juan solía escribir: “Lo que hemos visto, lo que hemos vivido… de eso os escribimos hoy” (1ª. Juan 1:3). Y, ese mismo apóstol junto al apóstol Pedro expresaron en Hechos 4:20: “Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído”. Y, para quienes se sientan aludidos por lo que más adelante viene, y pregunten que quién nos puso por juez suyo, recalcamos las palabras anteriores de éstos dos gigantes del evangelio:”Juzgad si es justo, obedecer a los hombres… antes que a Dios” (Hechos 4:19). La Iglesia, Jerusalén, teniendo que ser el gran templo de la santidad, unos la han convertido en la gran ramera y otros lo hemos permitido. Podemos dar nombres, fechas y hasta detalles de lo que hemos visto y oído, pero tan sólo nos limitaremos a mencionar los hechos.
Convertimos la Iglesia en una ramera, cuando nos “recomiendan” sacar un hijo de casa por sus pecados; cuando la parábola del hijo pródigo nos dice lo contrario (Lucas 15). Convertimos la Iglesia en ramera, cuando un líder “insiste” en que una pareja se divorcie, sólo porque ya se cansó de estar intercediendo entre ellos; cuando la escritura dice que lo que Dios unió no lo separe el hombre (Mateo 19:6). Convertimos a la Iglesia en ramera, cuando un líder a sabiendas que el dinero que es ofrendado tiene “mala procedencia”, es recibido hasta con algaríabía delante de las demás ovejas; cuando el dinero que entra al Alfol dice el Señor que debe de ser grato a SUS ojos no a los de los hombres (Malaquías 3:4). Con razón el verso de introducción termina diciéndonos: “Pero ahora habitan allí… los homicidas”. ¡Cómo te has convertido en ramera… oh ciudad fiel!.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.   


No hay comentarios.:

Publicar un comentario