“Honrarás el rostro
del anciano”
(Levítico 19:32).
Estamos viviendo
tiempos de tanto afán, que nos hemos olvidado de algunas de las normas básicas
de antaño. Un ejemplo claro de ello, es el irrespeto que se está cultivando en
contra de los ancianos, de los lisiados, de mujeres embarazadas, y, en general
del prójimo. Dios, por ejemplo, dejó muy claro que debemos honrar a TODOS, pero
en especial, a cada una de esas personas (Mateo 22:37). Actualmente NO se está
practicando, veamos: Ya no somos dignos que nos cedan un lugar en el bus; nos
miran mal si hacemos la fila de embarazadas, liciados y ancianos en un banco; y
no digamos en el tráfico, los irrepetibles insultos que recibimos, llevemos o
no la vía, porque vamos lento. Dios castiga muy fuerte el irrespeto: “Eliseo
acaba de recibir la doble porción de unción de su maestro Elías y va subiendo a
Betel, y unos muchachos se burlan de él diciéndole: ¡Sube calvo, sube! Y, ¿Cuál es el resultado? Unos osos salen del
monte y despedazaron a 42 muchachos (2ª. Reyes 2:24). ¡Honremos, y seremos
honrados algún día!
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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