jueves, 21 de febrero de 2019

Yendo un poco más adelante.




“Se postró sobre su rostro y dijo…”
(Mateo 26:39).


No nos cansaremos de predicar que el verdadero evangelio, el evangelio de Jesucristo es el evangelio de la cruz. Cristo, cuando estaba a punto de entregar su vida para salvarnos por medio del derramamiento de su sangre santa “va un poco más lejos” que los demás, y exclama: “No se haga lo que yo quiero… sino tu voluntad Padre mío”. ¡Cuánta diferencia existe entre nuestro hermano mayor y nosotros!  Siempre con la tendencia a “evitar” que se haga la voluntad de Dios cuando creemos que no está acorde a lo que nosotros buscamos, queremos o necesitamos. Siempre evitamos, por miedo, por cautela, por conveniencia propia… el ir un poco más adelante que los demás. Si le sucede a otro, está bien, pero que no nos suceda a nosotros, casi siempre esa es nuestra triste actitud, exageradamente contrastante con la actitud de Cristo. Moisés se mantuvo como viendo al invisible (Hebreos 11:27)… y tuvo un final exitoso; Cristo se sometió a la voluntad del Padre (Mateo 26:39)… y tuvo un final exitoso; ¿Cuál sería la razón, para qué, si nosotros nos mantenemos como viendo al invisible y no sometemos a la voluntad de Dios no tengamos también un final exitoso? Señor: ¡Hágase tú voluntad y no la nuestra!.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.


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