“Padre nuestro que estás en el cielo”
(Mateo 6:9).
Nuestro Señor Jesucristo en su sermón del monte, nos enseña que no
debemos hacer “vanas” repeticiones de oraciones, le hemos hecho tan poco caso,
que la misma “guía” que él nos dejara para orar, la hemos hecho una “vana
repetición” a la cuál hasta le hemos puesto título (El Padre Nuestro). ¿Por qué
lo decimos? Pues simplemente porque la recitamos de memoria pero NO hacemos
hincapié en lo que él nos dejó dicho, veamos: 1- La guía inicia haciéndonos
consciencia que él es el Padre y que él sí es santo; que esas son las razones
por las que lo debemos buscar; pero nosotros lo buscamos solamente para hacerle
peticiones (verso 9); 2- Que nos inclinemos ante él y que “aceptemos” lo que él
permite en nuestras vidas haciendo SU voluntad; pero nosotros nos oponemos al hacer
“declaraciones” en contra de esa voluntad (verso 10); 3- Pedimos repetidamente
que nos dé el pan de cada día; pero nos afanamos en abastecernos para muchos
días, cometiendo el mismo pecado que el pueblo de Israel en el desierto con el
maná, y lo único que podemos provocar es que ese pan se descomponga (verso 11);
4- Repetimos que nos perdone nuestros pecados; pero nosotros no perdonamos a
los que nos ofenden (verso 12); 5- Le pedimos que no nos meta en tentación;
pero no luchamos contra los enemigos de la carne sino que nos dejamos llevar
por los deleites de la misma (verso13). En resumen, NO hagamos de la guía de
oración que nuestro Señor Jesucristo nos dejó… otra vana repetición.
¡Practiquémosla!
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario