miércoles, 13 de febrero de 2019

Reedificar. (Parte dos).


       

“Reedificarán las ruinas antiguas”
(Isaías 61:4).

La restauración pues, es un “proceso”, y un proceso lento no instantáneo. Hace unos meses la madre de un amigo falleció, su casa había de ser restaurada. El primer paso fue escavar un metro y medio para verificar cimentación y drenajes; luego restaurar el sistema de agua. Quienes pasaban por la calle escuchaban que estaban restaurando la casa pero “no miraban nada”. Luego, se reparó el sistema eléctrico y se rellenó y compactó el suelo; pero las personas que pasaban frente a la casa… “seguían sin ver nada” y preguntaban “si realmente la estaban restaurando”. Hasta que la cimentación estuvo aprobada, entonces se pudo iniciar el proceso cosmético, y hasta entonces, las personas que pasaban por frente de la casa creyeron que se estaba restaurando. La casa no fue derrumbada sino restaurada, hoy, es la misma casa pero ya con el proceso concluido. Exactamente lo mismo sucede con nosotros en lo espiritual, Dios no ofreció “demolernos” sino “reedificarnos” (Isaías 61:4). Y eso, no es instantáneo, es un proceso, y es por ello que muchos se preguntan si realmente hay un proceso en la persona.  La restauración de la casa llevó once semanas, y hasta entonces, se vieron resultados. La restauración del hombre dura toda la vida, pues el Señor dijo que restauraría “los escombros de generaciones” (esto significa romper todas esas cadenas y ataduras negativas y dañinas que se llevan de herencias) (Isaías 61:4). Por eso dura tanto, porque las cadenas que traemos de generaciones son lo que somos. Y, reconstruir sobre ruinas antiguas… no es tan fácil como construir algo nuevo, igual que en una construcción natural.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.




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