“Reedificarán las ruinas antiguas”
(Isaías 61:4).
La restauración pues,
es un “proceso”, y un proceso lento no instantáneo. Hace unos meses la madre de
un amigo falleció, su casa había de ser restaurada. El primer paso fue escavar
un metro y medio para verificar cimentación y drenajes; luego restaurar el
sistema de agua. Quienes pasaban por la calle escuchaban que estaban
restaurando la casa pero “no miraban nada”. Luego, se reparó el sistema
eléctrico y se rellenó y compactó el suelo; pero las personas que pasaban frente
a la casa… “seguían sin ver nada” y preguntaban “si realmente la estaban
restaurando”. Hasta que la cimentación estuvo aprobada, entonces se pudo
iniciar el proceso cosmético, y hasta entonces, las personas que pasaban por
frente de la casa creyeron que se estaba restaurando. La casa no fue derrumbada
sino restaurada, hoy, es la misma casa pero ya con el proceso concluido. Exactamente
lo mismo sucede con nosotros en lo espiritual, Dios no ofreció “demolernos”
sino “reedificarnos” (Isaías 61:4). Y eso, no es instantáneo, es un proceso, y
es por ello que muchos se preguntan si realmente hay un proceso en la persona. La restauración de la casa llevó once semanas,
y hasta entonces, se vieron resultados. La restauración del hombre dura toda la
vida, pues el Señor dijo que restauraría “los escombros de generaciones” (esto
significa romper todas esas cadenas y ataduras negativas y dañinas que se
llevan de herencias) (Isaías 61:4). Por eso dura tanto, porque las cadenas que
traemos de generaciones son lo que somos. Y, reconstruir sobre ruinas antiguas…
no es tan fácil como construir algo nuevo, igual que en una construcción
natural.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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