“Y edificó Noé un altar”
(Génesis 8:20).
Ante una necesidad, una angustia, una pena, un sufrimiento… no hay ser
humano creyente en Dios, que no clamemos a él por ayuda. Ahora bien, luego que
esa ayuda llega, preguntamos: ¿Qué hacemos, cuál es nuestra actitud? La escritura nos dice qué fue lo que hicieron
algunos hombres de fe luego de recibir la ayuda o el auxilio de Dios, veamos:
a) Noé, luego de salir airoso y ser el único sobreviviente de un diluvio
universal: “levanta un altar” (Génesis 8:20) en señal de gratitud a Dios, y
luego dedica su vida a obedecerle. b) Abraham, es sacado de Ur de los Caldeos
una ciudad impía, para ser llevado a una nueva tierra en dónde no solo él sino
toda su descendencia había de ser bendita y prosperada (Génesis 12:5), y qué es
lo primero que hace: “levantar un altar” como señal de gratitud (Génesis 12:7),
y luego dedicar su vida a obedecerle. Nosotros, clamamos en el día de la
angustia y Dios nos responde positivamente, y qué es lo que hacemos
“generalmente”: nos olvidamos de él. Creemos que la salud, la restauración, la
prosperidad que nos envió es solamente para nuestro bienestar y nos olvidamos no
sólo de darle gracias sino de dedicar nuestra vida a obedecerle, que es lo que
él nos enseña en el Salmo 50:15 dice: “Que en el día de la angustia, clamemos,
que él sabrá respondernos positivamente… pero, que después tendremos que
servirle”.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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