“A imagen y semejanza los creó”
(Génesis 1:28).
Cuando Dios bendijo la unión entre el “hombre y la mujer” también les
dio una orden con otra bendición: “Fructificad, multiplicaos y llenad la
tierra” (Génesis 1:28). Preguntamos: ¿De qué manera se multiplica el ser
humano? Bueno, teniendo hijos por medio del sexo (dentro del matrimonio por
supuesto), por lo tanto, para el señor, el sexo, ni es sucio ni es un tabú, Génesis
1:24). En otras palabras, si creemos en Dios, y, también creemos que los hijos
son una bendición “dentro” del matrimonio, debemos entonces también “suponer o
creer” que desde el momento en que el espermatozoide fecunda el óvulo esa
criatura es una “bendición” de Dios… sí o no? Si nuestra respuesta es SI, entonces hacemos
otra pregunta: ¿Qué sacerdote, qué líder, qué religión, nos puede afirmar que
“solamente” por el hecho de “nacer” esa criaturita “bendita” por Dios… ¡se
convierte en “maldición” y está destinada a la perdición eterna y tenemos que
“bautizarla o presentarla” ante Dios para que no se vaya al infierno eternamente
“en ESE tiempo de inocencia”? Repetimos:
en “ESE” tiempo de inocencia. Respuesta: ¡NADIE, NI NINGUNO, NI NINGUNA! Eso “es o sería” una ignorancia y un pecado grave
porque contradice a Dios negando una declaración de bendición que él hizo. ¿O,
es que con sólo nacer el niño se convierte en maldición a pesar de su inocencia?
Ya vimos que con Adán NO fue así. El perdió su inocencia con el pecado NO por
aparece en el Edén.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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