“A imagen y semejanza los creó”
(Génesis 1:28).
Cuando Dios creó al hombre (mujer) los creó a SU imagen y semejanza, por
lo tanto los creó “puros, limpios y sanos espiritualmente” (Génesis 1:27). Pero
ellos “pecaron” y fue entonces que perdieron la inocencia (Génesis 3:11) y entraron
en condenación. Pero, para que NO fueran condenados eternamente por también
comer del árbol de la vida (Génesis 2:9) les dio una oportunidad, “sacándolos
del Edén” (Génesis 3:24). ¿Para qué o por qué los sacó? Para que pudieran ser
salvos, el uno, “trabajando” (Génesis 3:17-19); y la otra, “teniendo dolores de
parto y procreando hijos” (Génesis 3:16). Preguntamos: ¿Mientras ellos
estuvieron en paz con Dios, quién los habría podido condenar, quién habría
podido acusar, quién podía haberlos señalado de estar en pecado, y hacerlos
sentir vergüenza? ¿Un sacerdote, un pastor, una religión? ¡NADIE ni NADA! Ya lo dice la escritura: “Se paseaba Dios con
ellos TODAS las tardes” (Génesis 3:8). Entonces, repetimos la pregunta: ¿Cuándo
o en qué momento perdieron esa comunión o comunicación con Dios? Pues la
escritura también es muy clara y explícita en ello: “En el momento que pecaron”.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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