“No mires la dureza de éste pueblo”
(Deuteronomio 9:27).
Por definición, algo duro es algo macizo, algo contundente, algo
granítico. Pero, según las escrituras no es así. Vemos continuamente que Dios
reprende a su pueblo y en esas reprensiones vemos la expresión “dureza”, e
inmediatamente nos damos cuenta que no se refiere a los adjetivos anteriores sino
a “rebeldía”, se refiere a “saber y conocer lo bueno, y no hacerlo”, o, a
“provocar la ira de Dios” (Deuteronomio 9:6,7,8, y 24). Veamos, Dios está por
entregar la tierra prometida a su pueblo, “PERO”, le hace ver que NO es por la
justicia de ellos (Judíos) que está actuando así, sino porque las naciones se “rebelaron”
haciendo lo malo delante de él (Deuteronomio 9:4 y 6). Quizás ahora entendemos
la plática que sostuvieron los fariseos y los saduceos con Cristo acerca del
matrimonio y el divorcio (Mateo 19:8). Cuando él les explica que desde el
principio “la carta de divorcio” NO existía, pero por la “rebeldía acerca del
conocimiento”, Moisés les permitió hacer lo “contrario” de lo que estaba
establecido. Repetimos, por “rebeldía”, pues sabiendo qué era lo bueno, qué era
lo correcto, ellos insistían en tratar de deshacerse de una mujer con la que no
estaban conformes “por motivos menores”, cuando Dios había establecido la lucha
por mantener el matrimonio (Génesis 2:24; Proverbios 5:18).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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