viernes, 7 de junio de 2019

El llamado.




Un llamado… ¡A los que creen!
(Tito 3:8).

Durante nuestra caminata de casi siete décadas en lo material y cuatro en lo espiritual, hemos visto muchas personas dedicarse a hacer buenas obras. Unos lo hacen porque creen que con ello se ganan el cielo; otros lo hacen por ganancias deshonestas; pero quienes las hacen según las escrituras para “devolver con gratitud” algo de lo mucho que han recibido, esos son quienes cumplen con la ley de Dios (Tito 3:8). El llamado a hacer buenas obras, no es para el impío sino para el creyente. Esto evita hacer las buenas obras para la vanagloria del hombre; evita creer que esto nos abrirá las puertas de los cielos o aplacará nuestros pecados, amén de que evita motivos ocultos. El llamado al pío es porque éste tipo de personas con sus “buenas obras” NO causará divisiones ni contenciones, pues será limpio, honesto y transparente (verso 10). Cristo nos hizo la amonestación siguiente: “Pero tú, cuando des limosna, no sepa tu mano izquierda lo que hiciste con la derecha” (Mateo 6:3). ¿Qué significa esto? Que las buenas obras son para la gloria de Dios. No somos llamados a sonar campanas para que todos miren lo bueno que somos o que hacemos (Mateo 23:5). Somos llamados a cumplir con Dios en lo que nos ha sido requerido. (Esto no excluye, que “promovamos” la ayuda, pues en ese caso lo que estamos haciendo es provocar a otros a que llenemos las necesidades ajenas, situación que sí agrada a Dios).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.




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