martes, 11 de junio de 2019

Un, o él, cataclismo (Parte uno).




“Por la maldad de muchos”
(Mateo 24:12).

La maldad del hombre, la hemos hecho crecer tanto, que hasta al más indiferente asombra y hastía. Dios sabía de lo que era capaz el hombre, por ello cuando Cristo estuvo sobre la faz de la tierra nos previno acerca del resultado que generaría: “Por la multiplicación de la maldad... el amor de muchos se enfriará” (Mateo 24:12). Hace 60-70 años, cuando nosotros éramos niños, que una persona conocida o desconocida le tendiera la mano a alguien en necesidad era muy común. Hoy, gracias a que hasta de esa bondad se ha abusado, muchas personas ya pensamos dos veces el hacerlo por temor a ser asaltado, golpeado o asesinado en el intento de hacer un bien. La maldad ha crecido mucho más allá de la proporción en que ha crecido la humanidad misma, y la única solución posible la proporcionó Dios: “Un cataclismo”. Al igual que en tiempos de Noé (Génesis 6:13), esto no se detiene por mano humana, solamente por mano divina. Y así, como tuvo que haber un “cataclismo” (diluvio) para aniquilar a la humanidad y detener la maldad al principio, de la misma forma habrá un “cataclismo”, para detenerla en éstos días finales. Vea: 2ª. Pedro 3:7. Solamente con la aniquilación del hombre, está escrito que la maldad será erradicada, no hay otra solución.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.




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