“Por la dureza de corazón”.
(Marcos 10:5).
Los líderes de la iglesia se le acercan a Cristo y le pregunta si es
lícito (permitido) repudiar (rechazar) a la esposa (verso 2). Y Cristo les
responde que la Ley de Dios es clara en decir que: “Lo que Dios unió, no lo
separe el hombre” (verso 9). En otra porción (Mateo 5:32) explica que la
“única” excepción a la regla es la “inmoralidad” de ella, y esto, reforzado con
la misma ley (vea Levítico 20:10; Deuteronomio 24:1 y Jeremías 3:8 en donde
vemos que fue lo que Dios mismo hizo con la nación de Israel por pecar de
adulterio con la idolatría). Ahora bien, entendemos que actualmente existen
otras causas de “separación” pero NO de divorcio. Cuando alguien en la familia
corre riesgos físicos; cuando una hija o un hijo pueden ser violentados podrían
ser dos ejemplos. Pero, quienes se divorcian en sí (no sólo separándose sino
firmando papeles), “a no haber sido por” causas de inmoralidad de uno u otro, sólo
quedan dos opciones a pensar: ¿Se divorcian y cometen pecado, o, simplemente se
divorcian porque esa unión NO fue Dios quien la hizo? Cada caso tiene una respuesta, y esa
respuesta solamente la pueden dar los implicados y Dios. Selah.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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