viernes, 21 de junio de 2019

¡Ya dejamos de hacerlo!




Tú que juzgas… ¿Haces lo mismo?
(Romanos 2:1).

Dice la escritura que TODOS pecamos y que ninguno busca a Dios de propia voluntad (Romanos 3:23). Esto lo podemos comprobar cuando analizamos la razón del momento en el que la gran mayoría hemos buscado su auxilio: “Situaciones de angustia, de enfermedad, de pobreza, de luto, de soledad”, pero casi nunca en solvencia. Ahora bien, ciertamente nadie hacemos el bien ni somos buenos, pero la escritura nos insta a pesar de ello, a que prediquemos la palabra de Dios, pues de lo contrario nadie sabrá de ella (Romanos 10:14). Entonces, ¿Quién predica? Predica el enviado (Romanos 1:1); predica el que ha vivido la experiencia (Filipenses 4:12); predica quien ya venció una debilidad y sabe que Dios lo sacó de allí (Mateo 9:9). Debiera predicar la palabra de Dios, alguien que no tenga una intención oscura de ganancias deshonestas (1ª. Timoteo 3:1 y 8). Hombres perfectos para predicar NO HAY, pero al menos debemos ser hombres que estemos luchando por dejar nuestras debilidades, y así, poder ser, en alguna medida, ejemplo a otros. En otras palabras: Vamos a predicar del alcoholismo si ya lo dejamos; vamos a hablar de ser dadivosos si ya lo practicamos; predicamos de todo aquello que ya hemos dejado o que estamos luchando por dejar.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.





No hay comentarios.:

Publicar un comentario