“¿Para que tengas de él memoria y lo visites?
(Salmo 8:4).
Un dicho popular reza que el hombre no cambia, sin
embargo, en la vida de las personas suceden hechos que sí nos hacen cambiar. La
pérdida de un ser querido; una enfermedad; una separación; una traición; una
quiebra financiera, etc. Son sucesos que hacen cambiar aún a las personas más
duras, rebeldes, orgullosas o incrédulas que pudiéramos conocer o ser. Los
creyentes entendemos que hay un Dios grande, bueno y poderoso al que podemos
recurrir en casos de angustia y penas. El nos ha ofrecido tendernos su brazo
para sacarnos de cualquier problema, Isaías 59:1 nos dice: “He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para
salvar, ni hase agravado su oído para oir”. El verso del Salmo 8 que vimos
arriba nos hace reflexionar en lo pequeño e insignificante que es el hombre en
medio de un universo tan grande y cuyo funcionamiento es tan complejo, y, sin
embargo, Dios está pendiente de cada persona para uno u otro motivo como vemos
en 2ª. Crónicas 16:9. Una posición social, un puesto de alto nivel en algún
lugar, la bonanza del dinero, etc. no debieran afectar la sencillez del ser
humano. Si tan sólo pensáramos que no somos nada ante Dios y frente a una inminente
eternidad a la cuál entramos dicho sea de paso… desnudos, quizás no fuéramos
tan orgullosos.
Señor: Danos un honesto celo por tu
casa.
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